Muere, monstruo, muere
Al abordar temas sensibles y de índole social es importante tener claro desde dónde se emite la voz y cómo se construye la imagen y el sentido de la obra para no enviar un mensaje contradictorio. Muere, monstruo, muere es ejemplo de un ejercicio fílmico feminista bien logrado. El director, Alejandro Fadel, utiliza el potencial fantástico existente en la zona de Cuyo, de donde es oriundo, para pensar en la cuestión de la violencia patriarcal existente en las raíces de nuestra sociedad. El resultado es un filme de gran impacto visual, belleza y profundidad.







